Símbolo de la Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga

Símbolo de la Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga

Lema de la Comisión

"Con la cara al sol, vemos la gran Cruz de Religión o Muerte y la Cruz del Sur; ambas nos guían hacia la Estrella Federal y ésta nos da la luz de Dios, Patria y Hogar, esperanza nacional"

viernes, 27 de febrero de 2015

ACTO HOMENAJE A FACUNDO QUIROGA EN EL 180º ANIVERSARIO DE SU ASESINATO (1835-2015)






A los Sres. miembros de la Comisión Permanente de Homenaje a Facundo Quiroga y simpatizantes, por este medio les comunicamos que el Acto Homenaje por el 180º Aniversario del asesinato de nuestro Caudillo en Barranca Yaco no se efectuó el 16 de febrero por ser un día pagano que a nuestro Jefe y Caudillo no le hubiese gustado. Se realizará entonces el viernes 27 de marzo a las 10, 30 hs., en el Cementerio de la Recoleta al pie de la Dolorosa que marca la paz de nuestro Caudillo. Como todos los años el Brig. Gral. Facundo Quiroga tendrá oraciones y palabras para que descanse en paz.

Un gran abrazo federal de su Presidente Nicolás Carrizo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

EL TIGRE Y LA MONTONERA

El Tigre y la Montonera*
por Juan Martín Grillo

Facundo Quiroga.



                                                                                                    Por Juan Martín Grillo*

Amanecía el día con fuertes vientos aquel 27 de noviembre de 1789 en San Antonio de Los Llanos, Provincia de La Rioja. Era, sin embargo, un viento diferente el que se perfilaba, como cambiando algo.Vaya a saber si es que era acaso el hedor de los cuerpos marchitos que venían de la Europa, ya que por entonces los franceses derrocaban al “Antiguo Régimen”. Eran vientos de Revolución los que se colaron en Los Llanos. Y como será que así fue que por esas horas nacía el caudillo.Ya se podrían escuchar muchas cosas zumbando en el aire, además del viento.Con el niño en brazos, seguro que don Prudencio sintió lo que años más tarde experimentaría toda esta tierra: sintió que tras los ojos del chango clareaban las batallas; sintió que en sus cortos cabellos se ocultaban melenas de justicia; sintió que tras Juan Facundo Quiroga cabalgaba la Montonera.Pero… Que era todo eso? Que eran esos aires de triunfo, pasión, honor, derrota y leyenda que se enfrascaban en los destinos de ese niño? Que era lo que el Tata Dios le tenía deparao’ a Facundo?Como h’ai de ser la historia que el niño se convirtió al cabo de tres décadas en el Gral. Quiroga, el “Tigre de Los Llanos”, defensor de los pueblos del interior, espada de la Religión y la Fe Católica, ardid del Federalismo y máximo sostén de Unidad Nacional.Naide lo atajó jamás al “Tigre” Quiroga. Naide como él manejando la takuara. Naide como él a la hora de talonear un “Moro” y largarse chijando a la Pampa. Quiroga era la Montonera.La tierra sintió entonces el paso de Facundo. Ya fuere en “El Tala”, en “Rincón”, en “La Tablada” u “Oncativo”, el “Tigre” seguía entreverándose con fe. Solo lo movía una divisa: “FEDERACION O MUERTE”. O se hace la Patria como “los pueblos quieran” o no hay nada. Quiroga era el gaucho, el negro, el paisanito, el orillero, el indio. Era el Llano y la Montaña.De La Rioja hasta el desierto, de la Cordillera hasta el Plata, Facundo Quiroga marcó con su paso todos los territorios del país. Y siempre, junto a él, su Montonera.Tuito quedó truncao’ en Barranca Yaco. Ahijuna con los Santos Pérez y los Reinafé!!! La pucha digo de los maulas que se atrevieron a descabezar a un Pueblo libre, justo y soberano como el argentino.Y ese 16 de febrero de 1835 pareció –aún nos parece- que la Montonera se detuvo. De golpe, los bravos “capiangos” espolearon de arrebato sus “fletes” y rumbearon pa’ las entrañas de la tierra.La Montonera no cabalgó más.Aura, aquí postrada la Patria, aquí reunidos nosotros, estremeciendo los recuerdos, la pido a Ud. General Quiroga que vuelva a agitar la bandera de “RELIGIÓN O MUERTE”; le pido Gral., en nombre de sus paisanos, que vuelvan a espolearse los fletes y que se afilen las takuaras; le suplico General a Ud. que interceda pa’ con el Tata Dios y que a los argentinos les llegue algo de aquella justicia que los traidores nos negaron; le pido mi General que nos quite las cadenas con que nos han vuelto a esclavizar; le imploro mi General que vuelva a rugir “el Tigre” y la Montonera. Que vuelva la Montonera mi General!!! Los que aquí estamos podemos no ser esos bravos “capiangos” que en otra vida juimos, pero verdad h’ai de ser que somos verdaderos patriotas que amamos como Ud. a esta tierra. Se precisa, créame mi Gral., otra vez la Montonera.Como sello a esta plegaria, mi Gral., es que le digo lo que dijieron de Ud. los puetas: “La carne puede morir, pero Facundo jamás; habitará eternamente donde arda la llama de la libertad”. No afloje mi Gral. Todo el pueblo espera ver al “Tigre” cabalgar una vez más. Cabalgue Ud. y la Montonera lo seguirá!!!
VIVA JUAN FACUNDO QUIROGA!!! VIVA EL TIGRE DE LOS LLANOS!!! RELION O MUERTE!!! FEDERACIÓN O MUERTE!!! VIVA LA PATRIA!!!

*Discurso pronunciado por el Coordinador General de la Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga, Sr. Juan Martín Grillo, en ocasión del Acto por el 220° Aniversario del Natalicio del Gral. Quiroga, llevado a cabo en el Cementario de La Recoleta, en la Bóveda Familiar de la Familia Quiroga-Demarchi, el 27 de noviembre de 2009.

domingo, 22 de noviembre de 2009

NOVIEMBRE: Actividades del mes

La Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga invita a Uds. a las siguientes actividades:

ACTO 220° DEL NATALICIO DEL GENERAL JUAN FACUNDO QUIROGA

Viernes 27 de Noviembre de 2009: Bóveda de la Familia Quiroga-Demarchi (Cementerio de La Recoleta) a las 16:30hs
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ACTO 164° ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO (DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL)

Viernes 20 de Noviembre de 2009: Pie del Monumento a Juan Manuel de Rosas, sito en Plaza Int. Seeber, Palermo (Av. Gral Sarmiento y Libertador) a las 16:30hs

164° Aniversario de la Batalla de la Vuelta de Obligado (20-11-1845)

“El Himno de Obligado”

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)



Cuando sonó el primer cañonazo enemigo, Mansilla bajó el brazo derecho y cerró de un golpe el catalejo. Todo estaba consumado. El crimen era un hecho. La cuarta guerra exterior del país comenzaba. El héroe alzó el brazo de nuevo, dio la señal convenida y el Himno Nacional Argentino estalló en la barranca. La primera bala francesa dio en el corazón de la patria.La segunda bala francesa cayó sobre el Himno. El canto nacía indeciso en el fondo de las trincheras excavadas entre los talas, trepaba resuelto por los merlones de tierra, se deslizaba ágil por las explanadas de las baterías, corría animoso por los claros de grama esmaltados de verbenas, se animaba con furia animal en el monte de espinillos, y ascendía estentóreo y salvaje, en el aire de oro de la mañana de estío. Allí, hecho viento, transformado en ráfaga heroica, ganaba la pampa, el mar, la selva, el desierto, la estepa y la cordillera y uniendo de un extremo al otro del país la voz de júbilo con la de protesta, la de la imprecación con la del entusiasmo cívico, creaba un clamor de alegría y borrasca, incomparable y único.La voz clara y sonora de Mansilla acaudillaba los ritmos heroicos. El eco pasaba de una garganta a la otra; partía de los pechos de acero que amurallaban la patria y se confundía y entrechocaba sobre los muros de las baterías. Las notas prorrumpían de los bronces y tambores majestuosamente, con corrección inigualable, como en un día de parada. La banda del Batallón 1º de Patricios de Buenos Aires, que ejecutaba el himno al frente del regimiento inmortal, solo encontraba extraño en esta formación de tropas que, en vez de ser un jefe, fuese la Muerte quien pasara revista. Lo demás era lo acostumbrado desde los tiempos de Saavedra y la trenza con cintas. La hueste asistía impecable a la inspección, en tanto la metralla francesa e inglesa llovía sobre las filas sonoras y abría claros en la música y el verso.Los huecos se cubrían con premura y renacía la estrofa, redoblada y heroica. Cada voz sustituta centuplicaba la fuerza del canto. La oda se había constituido en una marejada incontenible de estruendo y de furia.Toda la barranca ardía en delirio con las voces. Cantaban los artilleros, los infantes, los marineros, los jinetes, los jefes, los oficiales y los soldados, los veteranos de cien encuentros y los novicios que por primera vez, olían la sangre y la muerte. La misma tierra quería hendirse para cantar. Parecía pedir la voz de todos los pájaros para acompañar en el canto a quienes la amparaban hasta morir abrazados sobre ella, crucificados sobre su amor, dándole a beber generosamente de su propia sangre. Cantaban allí los camaradas de aquellos que custodiaba en su seno, y que murieron defendiendo su pureza criolla en los campos, sobre los ríos y las montañas, en los páramos frígidos y a la sombra de los montes de naranjos donde dormían cálidamente, bajo la lluvia votiva del azahar.Los viejos patricios de Buenos Aires, los capitanes que cruzaron la cordillera con el Intendente de Cuyo y libertaron los países que se recuestan sobre un mar donde se pone el sol, los oficiales que habían combatido contra el Imperio del Brasil, destrozando a lanzazos los cuadros terribles de la infantería mercenaria austríaca, los marineros de camiseta rayada, cubiertos de cicatrices, que habían cañoneado y abordado naves temibles al mando del Almirante, en el río y en el mar, luchando en proporción de uno a veinte con la mecha o el sable en el puño, todos los que habían hecho la patria y no deseaban vida que no se dedicase a sostenerla, se hallaban allí y cantaban religiosamente, con la mirada arrasada y el corazón desbordante de ternura por los recuerdos, la canción que hablaba de cadenas rotas, de un país que se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor, de fieras que quieren devorar pueblos limpios, de pechos decididos que oponen fuerte muro a tigres sedientos de sangre, de hijos que renovaban luchando el antiguo esplendor de la patria y de un consenso de la libertad que decía al pueblo argentino : ¡Salud! La canción era seguida por juramentos de morir con gloria y el deseo que fueran eternos los laureles conseguidos.Jamás resonó canción como aquella. Los que habían conseguido los laureles pedían frente a la muerte que fueran eternos, los que vivían coronados por la gloria adquirida luchando con el fusil, el sable o el cañón, a pie, a caballo o sobre el puente de una nave, en defensa de su Nación, juraban morir gloriosamente si la vida debía comprarse al precio del decoro y el valor.Los proyectiles franceses e ingleses caían ahora sobre la protesta, el desafío o la muerte, el orgullo y la voluntad. La voz, engrosada y magnificada por el eco, había recorrido de una frontera a otra de la tierra invadida, y retornaba al lugar de su nacimiento para recobrar vigor y lanzarse esta vez hacia el frente, en procura de los agresores. Descendía presurosa por la barranca, corría sobre la playa de arena, alcazaba la orilla del río, volaba sobre el espejo del agua y se lanzaba al abordaje sobre los invasores, repitiendo un asalto sorpresivo y desenfrenado. Trepaba por las cuadernas de las quillas, se encaramaba por las bordas, hacía esfuerzos desesperados por amordazar los cañones de 80 milímetros, de 64, de 32, las cien bocas que vomitaban fuego sobre las baterías de menor alcance, lograba poner el pie en las cubiertas, brincaba a lo puentes donde se hallaban, condecorados y magníficos, Tréhouart, el capitán de la Real Marina Francesa y el Honorable Hothan, de la armada de Su Majestad, con uniformes de gala, cubiertos de entorchados, dirigiendo con el catalejo el bombardeo implacable e impune; ascendía por los obenques a las gavias y las cofas y giraba sobre las arboladuras lanzando un grito recio y retumbante. Luego descendía sobre el río y soplaba en el mar, y a través de las olas, cabalgando sobre el agua y la espuma, pisaba la tierra desde donde las naves habían partido y se retorcía en remolinos briosos y épicos en busca de oídos para requerir, demostrar, probar, retar y herir.La canción aludía a los derechos sagrados del hombre y el ciudadano, a los principios de igualdad política y social, al respeto por la propiedad ajena, a la soberanía de la Nación, a la obligación de cada ciudadano de respetar la ley, a la libre expresión de la voluntad popular, al respeto de las opiniones y creencias ajenas, a la abolición de los obstáculos que impiden la libertad y la igualdad de los derechos. La voz hablaba de la injusticia de la metralla, y ésta, tal como si hubiera interpretado la protesta del canto, hería ahora el seno de la voz, en acto obstinado, buscando rabiosamente el corazón de la canción.Los defensores eran ya los árbitros de la batalla. El enemigo había entendido la voz y comprendía que el triunfo pertenecía, por derecho propio, al atacado, cualquiera fuera el desenlace de la acción. Ya no significaba nada vencer en el encuentro y cobrar el botín de la conquista para conducirlo a la tierra donde estallarían aclamaciones y vítores junto a los arcos de triunfo. El adversario cantaba estoico frente a la muerte; cantaba vivamente, alegremente, enhiesto e impasible, sin responder al fuego, como queriendo demostrar que era más importante terminar con aquel canto, antes que defender la vida y resguardar la defensa del paso. Los cañones de 80 golpeaban el vacío, asesinaban la nada; las granadas explosivas no acallaban la música ni podían matar la poesía. La lucha era imposible: ¡Si al menos los defensores hubieran dejado de cantar!...
Cuando la voz dejó de escucharse hasta en su último eco, Mansilla recogió de nuevo el catalejo, tomó la espada, y alzando el brazo nuevamente, dio orden de iniciar el fuego contra las naves. La barranca ardió en llamas y comenzó el cañoneo que se sostendría por espacio de ocho horas…Pero la hazaña principal estaba cumplida, con el Himno entonado frente al adversario y que escucharían después los siglos. La música de los cañones sólo componía el acompañamiento de este canto. El héroe había legado a la patria su tesoro más puro de heroísmo, de exaltación emocional y de pasión patriótica: el Himno ganaba de paso, igualmente, la batalla de la Vuelta de Obligado.